02/12/2021
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Amor sabalero

By on 11/11/2019 0 3378 Views

No solo los une la pasión por los colores sino un profundo sentimiento que trasciende lo individual para volverse una fuerza colectiva que desde las tribunas celebra la historia compartida, ellos son los negros, raza, los sabaleros.

Minutos antes del arranque del partido, “La Nueva Olla” estalló con los gritos de la marea santafesina “No hace falta que les diga que soy Raza, por mi piel escapa el alma sabalera. Sangre y luto es el color de mi bandera y a los negros yo los llevo aquí en el alma”, el himno sabalero fue interpretado por Los Palmeras y coreado por los miles de hinchas que esperaban el arranque del partido, no era Santa Fe pero Colón estaba en casa con el amor de toda su gente.

Aproximadamente 40.000 hinchas de Colón arribaron hasta Asunción entre el viernes y el domingo para el partido de la final sudamericana entre Colón e Independiente del Valle. Los simpatizantes de “El Negro” fueron copando las calles de Asunción desde tempranas horas del viernes contagiando alegría, conmoviendo con el esfuerzo que hizo frente a innumerables condiciones adversas para llegar hasta la capital paraguaya y presenciar el partido.

Para quienes viven y sienten el fútbol, este no es solo un deporte sino todo lo que moviliza a su alrededor, un espacio de encuentro donde se recrea en alegría el aguante cotidiano.

Los negros llevan el escudo de Colón tatuado en la piel, llevan los trapos como símbolos de resistencia, se llevan unos a otros, empujando una silla de ruedas, dando la mano y el hombro, como sea por estar ahí, alentando hasta el final. Cuando flamean los trapos es es su propia historia la que se ondea hacia el cielo en una declaración de amor y orgullo.

Colón es Santa Fe, dice una bandera roja con letras negras que en el costado derecho lleva la imagen de un pez con la inscripción “Sabalero”, el apodo se lo ganaron debido a la condición de humildes pescadores de la mayoría de sus primeros simpatizantes, quienes iban a pescar sábalos al río Salado.

La calle es fiesta, grupos de amigos, niños, familias enteras arriban hasta el Estadio agitando con cánticos y banderas que se estampan con los rostros y nombres de los que ya no están físicamente, pero son recordados con alegría. Es el caso del icónico hincha “El lechuga”, Alfredo Gambagelo quien iba a todos los partidos acompañado de su loro, el hombre falleció el año pasado, así que en su memoria toda su familia llegó hasta Asunción portando banderas con su rostro y una emoción incontenible, “Él está acá hoy con nosotros”, dice uno de sus hijos.

El calor, la distancia, nada importa por vivir esos 90 minutos donde la realidad se suspende. Sufrimiento y éxtasis, de un segundo a otro los rostros iluminados de esperanza se desdibujan bajo la lluvia.

Besar el piso, alzar las manos hacia el cielo que no para de escupir, pedir por favor a alguien o algo no alcanza, algunas lágrimas empiezan a caer. El marcador agota el tiempo, los minutos que quedan van matando la ilusión y sin embargo, en medio de la tristeza el estadio vuelve a estallar en un profundo alarido, “Yo soy de Colón, desde que nací me hicieron así y muero por vos”, la hinchada no abandona, el fútbol es así, inexplicable como el amor.

Por: Elisa Marsal

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