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Mujer denuncia a su expareja militar por violencia

By on 18/06/2021 0 327 Views

Johana Letizia Manfredi, es sargento al servicio de la dirección de sanidad de las Fuerzas Armadas. Tras varios años de sufrir un verdadero calvario en su matrimonio, decidió romper el silencio y denunciar por violencia a su ex pareja Edgar Ramón Benítez Amarilla, comandante de tropa del cuartel general de las Fuerzas Armadas. En esta nota nos cuenta su historia.

Después de 16 años de soportar todo tipo de violencia, Johana finalmente reunió la fuerza necesaria para presentar una denuncia contra su agresor. Se presentó ante la unidad especializada contra la violencia contra la mujer del Ministerio Público y denunció a su esposo. Lo había hecho ya en el 2019, pero en ese entonces, como tantas otras veces, creyó en las promesas de cambio y se echó para atrás.

Comenta que la violencia empezó en el 2011, poco después del fallecimiento de su madre con quien la pareja convivía en su domicilio. Por presión de su marido dejó de salir con sus amigas, se alejó de todos sus amigos, su círculo social se redujo al mínimo y poco a poco iba quedando cada vez más aislada.

Era muy celoso y posesivo, una vez esperando colectivo me rompió la ropa porque lo que llevaba puesto le parecía muy ajustado, me dijo que yo era una señora casada y no tenía que vestirme así”, comenta.

La violencia psicológica que ejercía sobre ella tenía una expresión muy clara: el absoluto control sobre sus movimientos, si tardaba un poco más en el trabajo sabía que al llegar a casa habría una discusión “Seguro que te entendés con tu jefe”, era uno de los habituales insultos que recibía.

Además de nuestro trabajo nosotros teníamos otros negocios y en ocasiones yo me quedaba trabajando hasta tarde haciendo cierre de caja, entonces él se molestaba y me impedía el acceso a nuestra casa, me cerraba la puerta y yo tenía que dormir afuera en mi vehículo”, relata.

La violencia física tampoco tardó en llegar “Tenía arranques de ira y se ponía muy agresivo, me llegó a golpear en varias ocasiones, me torcía los dedos, el brazo”. El agresor también ejercía sobre ella violencia sexual “abusaba sexualmente de mí” dice con la voz quebrada. Consciente de que en nuestra sociedad el relato de una mujer no es suficiente para investigar casos de violencia busca su teléfono celular y enseña los vídeos de circuito cerrado donde se ve al hombre agrediéndola en diferentes momentos.

Los gritos que acompañaban las discusiones y los maltratos físicos, dieron pronto paso a las amenazas “Estaba todo el tiempo armado, me decía que solo seguía viva porque nunca me había encontrado con nadie”. También hacía alusión a su posición de poder en las fuerzas militares para intimidarla, le reiteraba que él era oficial y ella solo sargento y si lo denunciaba podía salir perjudicada en su trabajo.

En diciembre del año pasado le exigió una suma de dinero con el que ella no contaba, entonces nuevamente la golpeó en la cara. Muestra temblorosa una foto del golpe en el ojo que recibió aquel día.

Permaneció años atrapada en la espiral de violencia. Las secuelas fueron haciendo mella en su salud física y mental, hasta que ya no aguantó más y decidió dar el paso que tantas otras mujeres no pudieron. La denuncia fue realizada en febrero de este año, sin embargo, hasta la fecha, salvo la orden de restricción, la investigación no muestra grandes avances. El denunciado tampoco ha recibido ningún tipo de sanción al interior de las Fuerzas Militares.

Pasaron ya varios meses, ella tuvo que dejar su casa, ahora se encuentra viviendo con una amiga por temor a que le suceda algo, pide que la justicia proceda con mayor celeridad ya que teme por su vida y la de sus hijos. También espera que la Justicia Militar actúe.

Existen pruebas contundentes que respaldan su desgarrador relato, presentó las imágenes, los audios, los vídeos de circuito cerrado y también un diagnóstico médico ante la fiscalía, sin embargo, su caso sigue estancado.

Cuando me acerco a preguntar me dicen que hay otros casos más importantes que el mío”, explica con mucha impotencia.

Johana Manfredi. Foto: Elisa Marecos

De acuerdo al relato, Edgar Benítez Amarilla es mayor está en situación de ascenso, ocupa el cargo de comandante de tropa del cuartel general de las Fuerzas Armadas. “Incluso cuando él abandonó mi casa nosotros encontramos proyectiles de las fuerzas armadas acá, yo comuniqué e hice una denuncia, se encontró 48 rieles de cargador 1.55 se hizo un acta de entrega, eso ocurrió el 3 de marzo pasado”, señala.

La violencia contra la mujer asesina en silencio, muchas veces me callé no pude decir nada, mucha gente incluso sigue sin creer que él me haya violentado, pero yo aliento a las mujeres que estén pasando alguna por situación a que denuncien ante la mínima agresión verbal”, puntualiza.

En Paraguay, el Ministerio Público reporta un promedio de 80 casos nuevos de violencia familiar por día. La particularidad del caso de Johana es que se inscribe en un ámbito institucional donde reconocer la violencia de género es una batalla en sí misma.

El temor a las represalias, la dificultad de denunciar a los hombres violentos uniformados, la sensación de que denunciar violencia de género es una falta de respeto a la institución funciona como un mecanismo inhibidor de las denuncias para las mujeres.

La transformación a una mayor igualdad dentro de las fuerzas militares no ocurrirá automáticamente como consecuencia del tiempo o del incremento en el número de mujeres en las filas sino reconociendo los sistemas de poder que generan desigualdad y alientan las conductas de violencia contra las mujeres. Se dará también cuando casos como los de Johana sean atendidos con la celeridad y la importancia requeridas dejando un precedente de justicia que respalde a otras mujeres que estén atravesando por alguna situación similar.

Por Elisa Marecos | Fuente: Adelante Noticias

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